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Quienes somos

HIstoria del Dogo argentino - 2º parte

Por el Dr. Horacio Rivero Nores


Este es mi recordatorio:

El Club del Dogo Argentino “Dr. Antonio Nores Martínez”, formalmente nace en la ciudad de Córdoba, Argentina, el 19 de septiembre de 1971, con autorización e interés directo de la familia del creador, es decir su esposa e hijos, como también por la cesión de los derechos que tenía el Dr. Agustín Nores Martínez ante la Federación Cinológica Argentina (FCA) de su “Club del Dogo de Esquel”, todo esto a apasionados criadores y cazadores de esta ciudad de Córdoba, que veníamos trabajando en la cría de Dogos y que usábamos para la caza mayor, pasión que la mayoría habíamos heredado de nuestros padres.
Dijo formalmente, ya que esa es la fecha de constitución como entidad jurídica; anteriormente lo hacíamos sin cumplimientos formales.
Las primeras reuniones las hacíamos en mi casa paterna; allí, como dije, con un grupo de amigos y familiares de Antonio Nores M., nos juntábamos habitualmente con el fin de realizar eventos para difundir y promover la raza, sin tener experiencia alguna ya que éramos muy jóvenes (en mi caso unos veinte años). Normalmente solíamos juntarnos con los perros en el Parque Sarmiento. Los primeros apoyos de tipo técnico lo recibimos de algunos amigos que en esa época eran directivos del Córdoba Kennel Club. Recordando entre ellos, a quién luego fue el primer Presidente de nuestra institución, Sr. Manuel J. Guzmán.

De esta manera comienza en forma organizada la tarea de selección en la raza, dándole especial interés a las distintas líneas de sangre que portaran una mayor rusticidad y de probada gimnasia funcional, fomentando la cacería y destreza en luchas de corral.

Para tal fin contábamos con un predio cedido por la familia Bustos Fierro, en la localidad cordobesa de Monte Cristo (aproximadamente 25 km. de la capital), donde se construyeron corrales y jaulas para los jabalíes que se trajeron de la Pcia. de San Luis y La Pampa, pumas y pecaríes de Córdoba.

Estas pruebas nos ayudaban a seleccionar los mejores reproductores sin preocuparnos tanto la estructura morfológica, en un primer momento. Y esto era así por cuanto a mediados de los años 60, no había muchos ejemplares. Posteriormente, al paso de algunos años, ya con buena cantidad de Dogos relevados, gracias a la variabilidad genética con que se contaba en esa época, ya pudimos hacer cruzamientos que se estimaban convenientes, también, desde lo estructural, lo que nos llevó a realizar las primeras exposiciones especializadas programadas anualmente.

Cuando nos referimos a “variabilidad genética”, aludimos a Dogos que había dejado Antonio Nores después de su muerte, que estaban en poder de sus hijos Marta, Rodolfo, Abel y Beatriz o de sus hermanos, Francisco Nores en Córdoba y Agustín Nores en Esquel, Pcia. de Chubut. Recurrimos también a Dogos poseídos por muchas otras personas, que sin ser criadores, mantenían esos perros en pueblos, ciudades y campos de Córdoba.

Esa década del 60 fue de continuo intercambio de ejemplares con Agustín Nores. Por nombrar algunos que éste nos facilitara, que por la calidad de sus crías fueron importantes para la raza, mencionamos a SOLITARIO Y LEPÁ DEL CHUBUT, NEUQUINA DEL NEUQUEN. A su vez de Córdoba Agustín llevó a UTURUNCO y LANIN, dos hermanos de lechigada, crías directas de perros de Antonio Nores, nacidos en Santa Isabel, que eran propiedad de Francisco Nores y Osvaldo Pascuzzi; también se llevó a JERONIMO, BLANCA Y LOLA, también hijos directos de perros de Antonio Nores, que junto con mi hermano Ernesto teníamos en Totoral.
Uturunco fue traído nuevamente a Córdoba, cuando ya había dejado una buena cantidad de prole en Esquel, entre otros al famoso Day de Trevelin, que fuera propiedad de Don Amadeo Biló. En este recordatorio traigo a la memoria a TUPI DEL TOTORAL que, entre otros antecedentes, fue el primer Dogo Argentino que ganó un Mejor de Exposición de una General de todas las razas (Alta Gracia, Córdoba, año 1972) y Primer Gran Campeón Dogo Argentino, cuyo nombre en pedigrí era de Mancha del Chubut.

Antonio Nores Martínez La raza, en poco tiempo buscó su “eumetría” es decir, su peso, su tamaño y su forma, lo que nos había sido dictado por su creador Antonio Nores M., en el Estándar de 1946, que todos conocemos, y que fuera publicado en la revista “Diana”; también por los agregados o aclaraciones al mismo, que realizó su hermano Agustín Nores M., que formara parte del Primer Estándar y fuera llevado a la FCI para su reconocimiento Internacional.

Así fue que el Club del Dogo Argentino “Dr. Antonio Nores Martínez” creció sobre la base de los siguientes parámetros fundamentales de gestión:

I) La consolidación racial a través de inspecciones de servicios que se cumplían por personas autorizadas por la institución.

II) Un alto contenido técnico en la orientación hacia los criadores reflejado en asesoramiento directo y personal como en artículos de criadores y profesionales veterinarios. En este sentido teníamos como guía fundamental los dictados de Antonio Nores M., reflejados en la arriba mencionada revista “Diana” y el Primer Libro “EL DOGO ARGENTINO” por Agustín Nores M. Agregando a ello el conocimiento que la mayoría teníamos desde niños de la raza, ya que casi todos los fundadores éramos hijos de “dogueros”. También las historias de estos “viejos”, como de la propia esposa del creador, Herminia del Castillo de Nores
Y sus hijos e hijas.

III) Preparación y designación de jueces especializados, quienes eran además convocados a simposios de amplio intercambio de opiniones.

Esta planificación se extiende luego a distintas provincias, donde formáramos filiales como las de: Rosario, San Luis, Mendoza, San Juan, La Plata, Bs. As., Río Cuarto.

En el año 1971, fecha de nacimiento del Club del Dogo Argentino “Dr. Antonio Nores Martínez” contábamos en Argentina con aproximadamente 150 ejemplares con pedigrí; en 1976 ya existían 1500 y gracias al esfuerzo y entusiasmo de muchos dirigentes y criadores, la progresión se hacía más importante con el paso de los años.

Lo referido arriba, pudo realizarse gracias a que la prédica de los primeros integrantes del Club, se nutrió por numerosos criadores en todo el país, donde luego fueron importantes centros de crianza, como las provincias referidas precedentemente, donde se formaron también excepcionales dirigentes, que mucho tuvieron que ver con el éxito que hoy detenta la raza.

Paralelamente a fomentar la crianza mediante Exposiciones Especializadas y Conferencias, incentivábamos el deporte de la caza mayor llamada “montería” para lo que debimos establecer una serie de reglamentos para ser utilizados en lo que dimos en llamar el “Primer Campeonato Nacional de Montería con Perro y Cuchillo”. En efecto, nuestra institución fue pionera en este tipo de eventos.

Realmente largo sería enumerar la cantidad de exposiciones que se realizaron a lo largo y ancho del país, abiertas y de campeonato por FCA; Torneos de Caza; Pruebas de Trabajo con jabalíes en cautiverio. Esto último, fue absolutamente necesario –y continúa siéndolo- como escuela de adiestramiento para nuestros Dogos, los que al recibir adecuada gimnasia funcional, tenían y tienen mayor posibilidad de éxito en la cacería. Esta aptitud o capacidad es lo que se ha reconocido en el mundo entero. Sabemos que se la mira como ejemplo de valor, a la vez que como inmejorable compañía del ser humano. Hoy su crianza se ha extendido muy lejos, y desde muchos lugares nos cuentan o escriben numerosas anécdotas de sus calidades.

 

Hoy:
En esta búsqueda del tiempo olvidado para algunos, y no conocido por otros, comparto con ustedes un pensamiento que resume nuestro amor por el Dogo Argentino, “olvidarse del pasado de una raza significa matarla” (expresado por Paolo Vianini, criador Italiano). Una de nuestras premisas es la de revalorizar aquel pasado y demostrar que debemos mantener ese camino para lograr que nuestra raza perdure. No se trata de cambiar el Tipo y la Función del perro para mejorar la raza, sino, mas bien, el de mantener y de respetar los principios de su creador tanto en lo referente a su estructura, como a la utilidad para la que fuera creada que, reitero, no es tan solo la de CAZA MAYOR, sino también la de perro de GUARDIAN DE SU DUEÑO, FAMILIA Y TERRITORIO.

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Vea también:

- Historia del Dogo Argentino - 1º Parte

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